Hace 50 años también era sábado. Un sábado en blanco y negro. Un sábado más de aquel verano que transcurría con las noticias, en blanco y negro, de la elección del nuevo Papa, Pablo VI o la firma del tratado de prohibición de armas nucleares entre Estados Unidos, Inglaterra y Rusia; por no hablar del Tour de Francia que, por aquel entonces, celebraba su 50 aniversario con el duelo en la cumbre entre Bahamontes y Anquetil que se llevaría este último. Un Sábado más si no fuera porque amaneció con la noticia del terremoto que destruyó Skolpye capital de la entonces Macedonia Yugoslava. Ya tenemos titular para ese sábado de hace 50 años. La noticia copa las primeras planas de los periódicos de la época incluido el Norte de Castilla durante días. Nada se dice del niño que nació aquel sábado en la edición del día siguiente.
Un sábado donde el calor reinaba a sus anchas, dueño y señor de aquellos días interminables, donde las posiblidades de diversión eran las que eran, o sea, más bien escasas.Una de esas posibilidades era la playa fluvial. Por aquel entonces no había piscinas municipales. Eso si, alguna piscina había pero privadas. Aquel niño recuerda alguna ya desaparecidas, al lado de la playa, paralelas al Río. Y en aquella playa escucho por primera vez a los Brincos, Formula V, los pekenikes.... que copaban "los 40 principales" de la época. Y aquel río le enseño a no tener miedo del agua, a disfrutar de la misma en baños tanto matinales como vespertinos que se prolongaban durante horas, aguas arriba, a pocos Kilómetros, en aquel pueblo donde tantos veranos pasó.
Otra posibilidad era el cine,eso si, sin aire acondicionado. En verano era época de las reposiciones. Podías ver en el cine de tu barrio aquella película que te perdiste en invierno y que la volvían a proyectar en programa doble y en sesión continua. Y aquel niño descubrió la sala oscura, la pantalla blanca gigante donde veía transcurrir la vida. Y no volvió a salir. Quedó atrapado por aquellas historias, por aquellos personajes que desfilaban ante sus ojos. Viviendo sus vidas se olvidó vivir la suya.
50 años después sigue siendo sábado. Un sábado coloreado. Un sábado más de este verano que transcurre entre las noticias coloreadas de la corrupción, de crisis y de no se cuantas cosas más. También hablan del Tour de Francia que celebra su centenario con un duelo en la cumbre entre Contador y Froome. Duelo que no es tal ya que este último gana con demasiada facilidad a un Contador que no etá en su mejor momento. Un sábado más si no fuera porque amanece de nuevo con la noticia del descarrilamiento del alvia en Galicia. Noticia que lleva dos días en la portada de todos los periódicos incluido el Norte de Castiila. De nuevo la tragedia se adueña de todo. Nada se dice de que aquel niño cumple hoy 50 años. Sigue sin ser noticia.
Un sábado donde el calor ha desaparecido, donde la lluvia se hace presente, anunciando un otoño al que todavía no se le espera. La playa fluvial tiene que esperar a mejor ocasión. Hoy no es día propicio para disfrutar de una playa acondicionada pero que para aquel niño convertido en hombre ha perdido el encanto de entonces aunque tenga chiringuito.
El cine, eso si, con aire acondicionado.Pero han desaparecido los reestrenos, la sesión doble, la sesión continua, los cines de barrio hasta los cines en el centro de la ciudad. Aquellas salas han migrado a los centros comerciales, los nuevos contenedores donde cabe de todo. Nuevos totem del consumo reinante. A pesar de todo aquel niño convertido en hombre sigue viendo pasar la vida proyectada en una pantalla aunque no sea ni gigante ni blanca.
Han transcurrido 50 años y todavía sigue siendo sábado. Aquel niño convertido en hombre no sabe si es el mismo sábado o es otro sábado diferente a aquel primigenio. Para él todos los sábados son los mismos, no encuentra diferencia entre ellos. Sabe que este sábado es su verdadero cumpleaños. Lo ha leído en algún sitio pero no acaba de comprender el concepto. El círculo se cierra. En su interior se encuentra todo lo que alguna vez ha sido, lo que es, ¿lo que será? Y se pregunta, reflexiona, busca... ¿Donde están sus sueños? ¿Que ha sido de ellos?. Enseguida cambia las preguntas.Está cometiendo el enésimo error, no son esas preguntas las que se tiene que hacer. La verdadera pregunta es si alguna vez tuvo algún sueño, propio. Algo por lo que luchar de verdad, alguien a quien amar. Aquel niño converido en hombre descubre que de hombre sólo tiene los años cronológicos que, en realidad, sigue siendo aquel niño que nació aquel sábado tan lejano en el tiempo. Que hace 50 años también era sábado.
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